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The Crook Factory
The Crook Factory
Dan Simmons
HarperCollins, 1999






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Debo reconocer que me dio algo de miedo el comprar esta novela: aunque en su faceta de escritor de ciencia-ficción Simmons fue quien me devolvio la fe en el género (sobre todo gracias a la historia de cierto cura católico con una muy particular angina de pecho); lo primero que leí de él fue un horrendo mamotreto de terror llamado Los vampiros de la mente, tópico, aburrido y predecible como el que más. Como quiera que este The Crook Factory (algo así como La fábrica de maleantes) se anunciaba como una novela de suspense y con hechuras de best seller al uso, la verdad es que lo cogí con pinzas.

Para agarrarlo con ambas manos, y ganas de seguir, apenas hube leído cincuenta páginas.

Lo primero que debo advertir es que ésta es una novela de espionaje. Ni más, ni menos. En la Cuba de 1942, el escritor Ernest Hemingway solicitó a la embajada norteamericana en la isla permiso para constituir un "anillo de espías" que vigilara e informara adecuadamente del tráfico de submarinos nazis. Además del propio Hemingway, el anillo estaba conformado por un par de deportistas, un cocinero, un diletante, un par de marineros y un hombre lacónico y misterioso llamado Lucas. Hasta aquí, esto es histórico. Simmons ha aprovechado esta curiosa situación para, a través de los ojos de Lucas, contarnos la historia tal y como podría haber sido.

En la novela, Joe Lucas es un agente del FBI en plena época Hoover; duro y profesional. Lucas recibe el encargo (de manos del mismísimo Hoover) de enrolarse en el anillo de espías de Hemingway, pero más para vigilar al escritor que para ayudarle. Esto no debe parecer extraño: Hoover vigilaba activamente a medio mundo, incluyendo a la esposa del presidente Franklin Delano Roosevelt y a un jóven alférez de marina que mantenía un apasionado affaire con una conocida espía alemana y a la sazón llamado John Fitzgerald Kennedy.

Y éstos son apenas dos anécdotas reales de una novela plagada de ellas: como el mismo Simmons advierte al final de la misma, el 95% de The Crook Factory ocurrió realmente. Simmons lo que hace es salpicar una apasionante y entretenida historia de espías y amistad con estas anécdotas, apasionantes si el lector (como es mi caso) gusta de las historias de los "agentes de campo".

Y son los dos personajes centrales de la novela, Ernest Hemingway y Joe Lucas, con los que Simmons se luce. El primero, un tremendo escritor y uno de los últimos de esa casta de autores cuya vida parece más ficticia que cualquiera de sus novelas. El segundo, un ficticio (aunque ya digo que existió realmente un tal Lucas en el anillo de espías de Hemingway en Cuba, luego quién sabe...) agente de campo "profesional": no en el romántico estilo de las novelas de Ian Fleming (quien, por cierto, también sale en The Crook Factory), sino uno acostumbrado a ver y a ejecutar toda clase de actos de dudosa moralidad en cumplimiento de un neblinoso deber, en un mundo en el que la línea entre amigo y enemigo es casi invisible. Entre ambos personajes (¿personas?) se desarrollará una amistad bronca, dura y profunda que será el eje de la novela, una amistad como sólo pueden compartir personas que han puesto su vida en las manos del otro.

En resumen: una gran novela de suspense, ni más ni menos. Acción, intriga, montañas de datos, situaciones y personajes reales a un ritmo endiablado, sin descuidar la buena prosa a la que Simmons nos tiene acostumbrados de un tiempo (largo) a esta parte.

Carlos Manuel Pérez

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